Historia de Accrua: tecnología para mantener abiertas las puertas de los hospitales
Toda atención deja un registro. Una cuenta, un expediente clínico, un contrato. Aun así, una parte de lo que hace el hospital nunca se convierte en ingresos.
Entre la cama y la caja, existe un laberinto.
No porque la atención no haya ocurrido. Reglas de aseguradoras que cambian, conceptos que no coinciden con el contrato, auditorías que llegan tarde, disputas que se alargan por meses. En cada curva del laberinto se pierde un poco de dinero.
Es en esa brecha donde se cierran camas. Donde se reducen equipos. Donde el hospital de beneficencia del pueblo deja de atender. Donde el director elige entre pagar la nómina y reponer el inventario.
Accrua nació para cerrar esa brecha.
Felipe y Rodrigo Dellacqua no necesitaban empezar de nuevo.
Los hermanos fueron socios y cofundadores de VTEX, donde recorrieron el ciclo completo que la mayoría de los emprendedores solo conoce en parte, hasta el debut en la Bolsa de Nueva York con una valuación de US$ 3,750 millones.
Después de la salida a bolsa, estaban donde pocos llegan. Cómodos profesionalmente. Resueltos financieramente. Con todas las razones para parar.
Felipe Dellacqua
Rodrigo Dellacqua- 01Fundaron la startup en 2011
- 02Vendieron la startup en 2014
- 03Levantaron US$ 365M con fondos de VC
- 04Se internacionalizaron a más de 30 países
- 05Líder de categoría en toda LATAM
- 06Salida a bolsa de US$ 3,750 millones en la Bolsa de Nueva York
Eligieron dejarlo todo y volver a cero.
No por aburrimiento, ni por una oportunidad de mercado dibujada en una hoja de cálculo. Por una experiencia que ninguno de los dos pidió vivir.
El día en que la salud dejó de ser un sector
El padre de los hermanos fue diagnosticado con una enfermedad grave y rara. Doce casos por cada millón de habitantes. Sin tratamiento, la expectativa de vida para ese diagnóstico es de seis meses. Con tratamiento, entre dos y tres años y medio.
Haz la cuenta. Cada semana de espera por un estudio, cada día hasta el diagnóstico preciso, cada autorización de medicamento que no llega, no es un retraso administrativo. Es tiempo restado a lo único que todavía se podía tener: días con su padre.
Tenía seguro médico. Tenía acceso a los mejores hospitales privados del país. Tenía hijos con recursos, tiempo y capacidad de luchar por él. En teoría, estaba del lado protegido de la salud brasileña.
En la práctica, no existe un lado protegido.
Empezaron las esperas por una cama. Los estudios que el seguro tardaba en autorizar. Los procedimientos que el hospital dudaba en realizar sin garantía de pago. Las llamadas, las negativas, las reclasificaciones. Y su padre, en medio del fuego cruzado entre la aseguradora y el hospital, mientras la enfermedad no esperaba a que alguien resolviera quién pagaría la cuenta.
Felipe y Rodrigo acompañaron cada etapa de esa pesadilla con el reloj corriendo. Y entendieron algo que las estadísticas ya decían, pero que solo se aprende en carne propia: en Brasil, incluso quien paga por la salud sufre con ella. Y cuando el sistema se traba, quien paga la cuenta final no es la aseguradora ni el hospital. Es la familia.
De la peor manera posible, los hermanos se dieron cuenta de que la salud privada también necesitaba ayuda. Y de que no había, del lado de los hospitales, ninguna empresa de tecnología de punta dispuesta a resolverlo.
Había, sin embargo, algo que ambos sabían hacer mejor que casi nadie: poner el dinero a girar con datos, riesgo y disciplina.

Su padre sigue vivo. Sigue en tratamiento. Sigue luchando, todos los días, por cada estudio y cada medicamento. Esa lucha no ha terminado. Y por eso Accrua existe hoy, y no mañana.
Lo que el retail y el mercado financiero le enseñan a un hospital
La trayectoria de los Dellacqua se construyó en dos sectores que, en Brasil, aprendieron de la forma más dura que un negocio no sobrevive por la venta, sobrevive por la caja.
Retail
Margen estrecho, alto apalancamiento y el mayor empleador del país. El retail sobrevivió digitalizándose antes de ser absorbido, con eficiencia operativa y datos en cada detalle. El hospital vive la misma presión, sin las mismas herramientas.
Mercado financiero
Volúmenes masivos de transacciones, datos sensibles de clientes, decisiones en tiempo real y sistemas que se comunican entre sí. El riesgo se mide, se valora y se opera con información. Es el estándar que necesita el ciclo de ingresos del hospital.
En la práctica
La intersección de ambos es lo que la salud nunca tuvo: una verdadera transformación digital. Cada centavo rastreado, cada cuenta por cobrar con plazo y riesgo conocidos, cada decisión tomada con datos, en un sector que nunca fue disruptido.
Y entonces miraron al hospital con esos ojos.
Vieron el negocio que entrega el servicio más esencial que existe en Brasil operando con las herramientas tecnológicas más obsoletas del país. Vieron profesionales extraordinarios, enfermeros, médicos, facturistas, auditores, perdiendo horas en hojas de cálculo, retrabajo y disputas. Vieron instituciones con más de cien años de historia amenazadas no por la falta de pacientes, sino por la falta de flujo de caja.
El hospital brasileño no cierra por falta de pacientes. Cierra por falta de caja.
Y la caja, ambos lo sabían, es un problema de datos.
Primero el problema, después la tecnología
Antes de escribir una sola línea de código, entramos al hospital.
- 01Acompañamos la rutina de facturación.
- 02Nos sentamos junto a auditoría.
- 03Escuchamos al CFO explicar por qué tuvo que anticipar cuentas por cobrar a un costo que ningún otro sector aceptaría.
- 04Leímos contratos de aseguradoras que ni la propia aseguradora leía.
- 05Entendimos por qué se rechaza un material de alto costo (OPME), por qué una cuenta queda detenida, por qué una disputa justa se abandona por falta de personal.
El diagnóstico fue el mismo en todas partes. El hospital tiene los datos. Lo que no tiene es una inteligencia capaz de leer el expediente, la cuenta, el contrato y la regla de la aseguradora al mismo tiempo, actuar antes de que ocurra la pérdida y registrar cada decisión de forma auditable.
La inteligencia autónoma que opera el ciclo de ingresos del hospital de punta a punta.
Porque conoce el ciclo por dentro, TIARA sabe qué aseguradora paga, en cuánto tiempo y con qué historial. No sustituye al especialista, multiplica su capacidad. La línea de trabajo es suya; el criterio, la negociación y las excepciones siguen con las personas.
Cuando un hospital recupera lo que es suyo, no está comprando un software.
Mantiene una cama abierta. Contrata al enfermero que faltaba. Cambia el equipo que ya debió cambiarse. Sigue atendiendo a la ciudad que no tiene otra opción.
Y en algún lugar, un padre con una enfermedad rara recibe el estudio, el diagnóstico y el medicamento a tiempo. No porque la familia luchó. Porque el sistema funcionó. Y cada día ganado ahí es un día más con quienes amamos.
Que el hospital brasileño cobre a tiempo y el monto correcto por cada vida que cuidó.
Creemos que
- 01
Ningún hospital debería cerrar sus puertas por dinero que ya era suyo.
- 02
Ningún paciente debería quedar en el fuego cruzado entre quien cuida y quien paga.
- 03
El ciclo de ingresos puede ser predecible. La caja del hospital puede estar sana.
- 04
Quien cuida vidas merece las herramientas más modernas del mundo para cuidar su propio negocio.
- 05
La inteligencia artificial en salud debe ser lo bastante autónoma para operar sola y lo bastante auditable para merecer confianza.
- 06
La tecnología de ciclo de ingresos más avanzada de la salud privada puede, y debe, construirse en Brasil.